El profesor Alexandre Arnoux escribió: “Lola posee el don del embrujamiento: nadie la resiste; los policías encargados de llevarla a la frontera se apasionan por ella; y un sacerdote que la califica de encarnación de satán, murmura ¡pero qué bello es este demonio!.”
Eliza Rosanna Gilbert, más conocida como
Lola Montez, nació el 17 de febrero de 1821 en
Grange, Irlanda, de acuerdo con las investigaciones de Bruce Seymour*. Aunque su más tierna infancia la pasó en la India, donde su padre fue trasladado como soldado inglés, fue educada en Escocia e Inglaterra, concretamente en
Bath donde ya destacó su fuerte personalidad y determinación.
Con apenas 16 años contrajo matrimonio con el lugarteniente Thomas James, amigo de la familia. La unión apenas sobreviviría cinco años aparentemente por las infidelidades de la muchacha quizás descontenta con la vida que llevaba. Divorciada y acosada por el escándalo, el primero de una larga lista, Eliza decidió viajar a España donde aprendió algo de la cultura del país, el idioma y entró en contacto con el flamenco. Unos meses más tarde regresó a Inglaterra con una nueva identidad: añadió María Dolores a su nombre y comenzó su carrera artística bajo el sobrenombre de
Lola Montez, bailarina española.
Su debut en Londres en 1843 fue un auténtico fracaso al ser reconocida como Mrs James y acusada de fraude. Es entonces cuando optó por iniciar una gira por Europa, donde dará a conocer su famoso
baile de la Tarántula; y, es entonces también, cuando dará comienzo su vida como cortesana, viviendo a expensas de hombre adinerados y del dinero de sus espectáculos.
En París será amante del compositor
Franz Liszt y de
Alejando Dumas hijo. A través de sus amantes Lola conocerá un gran número de intelectuales que la introducirán en sus reuniones. Entres sus amigos, además de los amantes nombrados, se encontraron la feminista
Chopin,George Sand,
Víctor Hugo y
Balzac.
Fue igualmente en París donde volvió a contraer matrimonio con quien dicen fue su gran amor, un rico banquero y editor; aunque nuevamente quedó sola por la muerte de éste en extrañas circunstancias: bajo los efectos del alcohol, participó en un desafío donde cayó muerto ante su contrincante.
Su amante más singular fue, sin duda alguna, Luis I de Baviera, quien la vio por primera vez en Munich. Atraído por la joven la convirtió en su amante más influyente y, a pesar de la oposición que la joven despertó en la corte y entre la población local, llegó a nombrarla Condesa de Landsfeld en 1847.
La leyenda negra sobre Lola y su comportamiento amoral para la época no se hizo esperar, por toda Europa circulaban rumores de orgías, listas interminables de amantes; todo ello aderezado con la intriga que despertaba la muerte en extrañas circunstancias de alguno de ellos, los enfados de otros, y las sospechabas de que más de uno disfrutaba de sus latigazos mientras ella cabalgaba a lomos de sus amantes.
Sea cierta o no la influencia que Lola tuvo sobre Luis I, la inestabilidad política de Austria y la revolución de 1848 llevó a éste a abdicar en nombre de su hijo Maximiliano II de Baviera. Sin influencia en la corte y odiada por algunos, puso fin a su vida como cortesana y optó por trasladarse a San Francisco, en EEUU. Allí se dedicó a su carrera como bailarina y contrajo matrimonio con otro hombre de origen irlandés, un conocido editor. Curiosamente allí fue mentora de Lotta Mignon Crabtree, quien posteriormente se convertirá en una conocida actriz.
No pasó mucho tiempo hasta que nuestra inquieta protagonista comenzó una relación con otro actor que le llevó a viajar con la compañía de teatro a Australia. Se dice que el actor, llamado Follan, no llegó a su destino final; al parece cayó del barco, hay quien dice que tras una pelea con Lola.
En Australia su
baile de la Tarántula fue rápidamente catalogado de indecoroso y su comportamiento fue ampliamente criticado por la conservadora sociedad australiana. La gira apenas duró un año tras la cual regresó a Nueva York.
Allí acabaría su vida en 1846. Una fuerte pulmonía se la llevó a la edad de 39 años. Sus últimos años los dedicó a la creación de refugios seguros para las prostitutas y a escribir. Antes de morir tuvo la oportunidad de regresar a Irlanda con la cabeza alta para dar una conferencia.
Más allá de los escándalos que sacudieron su vida y que, de algún modo, Lola fue una mujer independiente, inteligente y preparada que no quiso encorsetarse dentro la moral victoriana en la que se educó.
Ambiciosa y temperamental no cejó en su empeño de vivir como ella quiso, por encima de los valores de su época.
Carta de amor de Luís I de Baviera a Lola Montes.
6 de julio de 1847
Lolita mía, el mundo te odia y te persigue; pero por mucho que se esfuercen tus enemigos para desunirnos, mi corazón se estrechará más cada vez con el tuyo. Cuando más te odian, más amada eres, y más firmemente adquieres lo que desearían quitarte; jamás me separaré de ti.
No odian a las otras mujeres; solo están furiosos contra ti; todo lo que tú haces es para ellos un crimen; querrían castigar hasta tus palabras como si fuesen acciones. Pero la bondad del corazón se descubre por sí misma; posees una alma noblemente elevada; con todo, los bajos que se suponen grandes, quisieran echarte de aquí como a un paria.
¡Soy tuyo para siempre; para siempre tú eres mía! ¡Qué felicidad tan grande esta que, como una onda, se renueva a sí misma en su eterna fuente!
Gracias a ti mi vida se ha ennoblecido; mi vida que sin ti era solitaria y vacía; tu amor es el alimento de mi corazón; si no se nutriera de él, moriría. Y aunque todo el mundo te abandonase, yo no te abandonaré jamás; conservaré siempre para ti un corazón constante y una verdadera fidelidad alemana. Puesto que has roto por mí todos tus vínculos anteriores, puesto que yo he roto para ti todos los míos, vida de mi vida, soy tuyo, soy tu esclavo.
No tengo nada que ver con tus enemigos; sus mañas no pueden nada conmigo, ningún artificio logrará desprenderme de ti. El poder del amor me eleva por encima de ellos. Contigo se terminará mi peregrinación terrestre; y como el alma está unida al cuerpo, así, hasta la muerte, mi ser estará unido al tuyo. He hallado en ti lo que jamás había hallado en persona alguna. Solo al verte comprendí que para mí comenzaba una vida nueva; todos los sentimientos que otras me habían inspirado se extinguieron. ¡Porque mis ojos leen en los tuyos: amor!