En Dresde no sólo se desarrollan visiones, sino que se trabaja en proyectos concretos. En el Instituto Fraunhofer funciona el Centro para Materiales Orgánicos y Dispositivos Electrónicos (COMEDD por sus siglas en inglés), el centro de investigación en semiconductores orgánicos más moderno de Europa. Y los primeros proyectos en el área OLED comenzaron ya en el año 2000. El corazón del instituto lo conforma una sala de 900 metros cuadrados en el que se erigen las instalaciones piloto para la producción.
Del polvo surge la luz
L
as capas orgánicas que irradian luz son adheridas de a poco, por medio de vapor y a través de un complejo procedimiento, al vidrio, al metal o al plástico. La sustancia original está compuesta por un material orgánico en polvo: moléculas de carbono de cadena corta. Éstas se colocan en capas, como en un sándwich, una sobre la otra, y los electrones viajan a través de esos semiconductores cuando se les aplica tensión. La energía producida por los electrones es devuelta en forma de luz. Para proteger la luz bidimensional del agua, del aire y del polvo, todo se cubre con una tapa, un proceso llamado de “encapsulamiento”. Si bien los investigadores del IPMS ya han logrado récords en durabilidad y rendimiento de las OLEDs y hasta han sido premiados por ello, no cesan de trabajar para mejorarlas, ya que aún es muy caro construir lámparas OLED para grandes superficies y pantallas. “Una unidad pequeña de OLED del tamaño de un azulejo cuesta por ahora unos 100 euros”, dice Karl Leo. “A largo plazo, nuestro objetivo es lograr un precio de 50 euros por metro cuadrado”, explica el director del Instituto Fraunhofer de Microsistemas Fotónicos. Para eso, deberán pasar de las instalaciones piloto a instalaciones estables de producción en masa. Ese es el próximo paso que deberá seguir el equipo de Dresde. Dresde, capital de las OLED
La ciudad de Dresde, capital de Sajonia, está cobrando desde hace algunos años fama internacional gracias a éxitos como la invención y patentado del método llamado “dotación”, gracias al cual se obtuvo un mejor rendimiento en las OLEDs. El método consiste en destruir intencionalmente la estructura interna de cristal de los materiales semiconductores orgánicos, lo que resulta en una conductibilidad mayor y, con ella, en más rendimiento lumínico. Estos nuevos conceptos, que ya están cambiando el mundo de la luminación, fueron absorbidos por varios pequeños emprendimientos o “start ups”. La empresa alemana Novaled, por ejemplo, trabaja desde 2003 para proveer de conocimientos y tecnología en OLEDs a la industria de la iluminación. Su filial Heliatek, fundada en 2006, está construyendo una planta de producción para celdas solares orgánicas. El motor y la fuerza que impulsa ambos emprendimientos es Karl Leo, cuyo objetivo no es sólo ser uno de los protagonistas del éxito tecnológico de las OLEDs, sino también de su rendimiento económico. 
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