20-F DÍA MUNDIAL DE LA JUSTICIA SOCIAL.
El discurso de don Mariano, tras la manifestación ciudadana contra la RLR (Reforma Laboral de Rajoy) del 19-F ayer... El dramatismo alcanzó su cénit al hablar de padres, de hijos, de abuelos, de la forma en que las familias resisten la crisis: “Las nuevas generaciones piensan que no alcanzarán el bienestar de sus padres, y los padres viven con impotencia esa frustración de sus hijos. Los abuelos se han convertido en apoyo de sus familias. Es el mundo al revés”.
Pese al evidente giro de su discurso y sobre todo de su política tras la victoria electoral, Rajoy asegura que está haciendo lo que los españoles quieren que haga. Es lo mismo que dijo Aznar el día anterior, y que se está convirtiendo en el discurso oficial del PP. El Gobierno no admite que en algunos puntos está haciendo lo contrario de lo que prometió. Al revés, asegura que todo el mundo tenía claro qué estaba votando al apoyar al PP. Que era evidente que iba a hacer recortes. Aunque nunca los explicitara ni los detallara.
“Los españoles quieren que, por amargo que resulte, cortemos el grifo de todo el gasto que no sea imprescindible. Que hagamos reformas. Nada de eso es fácil, ni cómodo, ni siquiera gratificante en el corto plazo”.
Rajoy sabe que se le van a exigir resultados rápidos, y no cree que pueda ofrecerlos. Tal vez por eso dice que de momento solo se va a dedicar a frenar la caída. “Lo urgente, en los primeros meses, más que pensar en reconstruir, es frenar el deterioro. Cuesta mucho más detener la caída que reiniciar el ascenso”.
En realidad, el Gobierno solo vive pendiente ahora de que Bruselas sea flexible y cambie los objetivos de déficit del 4,4%, que la mayoría de los ministros ven como casi imposibles. El Ejecutivo, lleno de liberales, entiende sin embargo que los recortes no son la solución. Pero no encuentra margen de momento en Europa para hacer otra cosa. Tal vez por eso Rajoy se puso la venda antes que la herida por si la gente se impacienta: “Algunos dirán que las cosas siguen así porque no acertamos con las medidas. Lo dirán a sabiendas de que no es cierto. No lo dirán los mismos que nos han puesto en esta situación”. Antes de las elecciones, Rajoy vendía que el PP resolvería la economía como en 1996. Muchos expertos argumentaban que Aznar llegó al Gobierno ese año cuando la recuperación ya estaba en marcha. Ayer, el presidente admitió la gran diferencia: “¿Estamos preparados [el Gobierno] para asumir la tarea? Sí. Podemos hacerlo, sabemos hacerlo y queremos hacerlo. Será difícil, más que la otra vez [1996], pero está a nuestro alcance. No será agradable, pero los españoles están de acuerdo”.
Aunque diga lo contrario, Rajoy es un hombre pendiente de las críticas. Las lee casi todas, aunque siempre trata de ofrecer, también en privado, esa sensación de indiferencia que le caracteriza. Una de las críticas que más le duele es la de indolente, que no toma decisiones. Ayer utilizó los primeros 50 días de su Gobierno para reivindicarse como hombre de acción. “Nadie dirá que no tomamos decisiones. En siete semanas hemos puesto en marcha más reformas que el PSOE en siete años”.
Todo el discurso fue dramático, pero lo más churchilliano fue el final, en el que parecía estar llamando a los españoles a una auténtica guerra: “Saldremos adelante, nos costará, pero lo haremos. No ofrecemos esperanzas, ni siquiera buenos deseos. Ofrecemos convicción. España entera arrimará el hombro. Aceptaremos los sacrificios. Soportaremos las renuncias. Aprovecharemos mejor nuestros recursos. Y no cejaremos hasta que llegue el día en que podamos descansar y sentirnos, ante el mundo entero, orgullosos de nuestro esfuerzo”.